19

Abr

2012

¡Qué chibola! ¡Qué cola! ¡Qué mona!

“¡Qué mona! dice una chibola mientras observa a otra niña en la cola para ver a la mona, que toma una chibola, sentada sobre su cola”. Al leer este enunciado se estará preguntando si es redundante o plantea error. Ni lo uno ni lo otro, su significado debemos entenderlo acorde con un contexto comunicativo que […]

Por Catherine Torres. 19 abril, 2012.

“¡Qué mona! dice una chibola mientras observa a otra niña en la cola para ver a la mona, que toma una chibola, sentada sobre su cola”. Al leer este enunciado se estará preguntando si es redundante o plantea error. Ni lo uno ni lo otro, su significado debemos entenderlo acorde con un contexto comunicativo que le dé sentido.

En el Perú “chibola o chibolo” es una persona que está en la niñez (DRAE: 2001); en El Salvador designa la gaseosa o la canica. Entonces, al comunicarme con un peruano puedo decir: “Hablaré con esa chibola”; pero no: “Tomaré esa chibola”. En cambio, en el Salvador sí es aceptable: “Tomaré unas chibolas”; no obstante, pierde sentido si un salvadoreño dice: “Hablaré con esas chibolas” aludiendo al líquido elemento o a las canicas.

Pasando a otras definiciones relacionadas con el texto inicial, me viene a la mente la anécdota de un estudiante neozelandés que al producir una frase aprendida como correcta: ¡Qué cola!, produjo un fallo en la comunicación y obtuvo una bofetada de una argentina, puesto que él la emitió estando detrás de una gaucha con prominente “trasero”, a quien miraba en la fila de una boletería. Más curioso resulta el caso de una profesora española, que al viajar a Ecuador y conocer a la niña de la señora que le dio hospedaje, exclamó: “¡Qué mona!”. El contenido semántico que quiso manifestar era “bonita”; mas, en vez de ser halagador resultó hiriente, al pensar la madre que se le insultaba a la hija comparándola con un mono porque en el lenguaje popular se suele llamar despectivamente “monos” a los ciudadanos ecuatorianos con la connotación, también, de feo o grotesco.

En el X Congreso Latinoamericano de Lectura y Escritura, una de mis colegas compró un libro de la investigadora argentina Paula Carlino; al acercarse emocionada para que le hiciera una dedicatoria, le puso: “Para Nelly de Paula”. Otra colega, que no había visto a Nelly comprando el libro, pensó que se lo había regalado; pero no fue así y la comprensión del escrito fue errónea ya que no se conocía todo el entorno. Con estos ejemplos trato de explicar que el contexto repercute mucho en la eficacia comunicativa.

Al escribir o hablar debemos plantearnos no solo la simple enunciación de palabras; sino el cuándo, dónde, de qué manera, con quién o de qué se habla, puesto que el significado y tono de los signos lingüísticos pueden cambiar si te diriges a un amigo, a un desconocido, a una autoridad, a un extranjero, etc. El contexto comunicativo es  importante porque “no hay lenguaje sin contexto, pero se crea contexto con el lenguaje”, como lo acota Julio Calvo Pérez en Introducción a la pragmática del español.

Las diferentes acepciones que se pueden generar en un área geográfica o en una situación cultural establecida hay que tenerlas siempre en cuenta. Nuestra exposición original en determinado contexto, entonces, sería: ¡Qué “linda”! dice una “pequeña” mientras observa a otra niña en la “fila” para ver a la “mona”, que toma una “gaseosa”, sentada sobre su “trasero”.

Docente.

Facultad de Humanidades.

Universidad de Piura.

Artículo publicado en el blog Castellano Actual, diario Perú 21, jueves 12 de abril de 2012.

 

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